Como Instituto asumimos el reto de hacer de la escuela un proyecto de comunión y nos comprometemos, junto con los laicos, para hacer que nuestros colegios sean lugares de encuentro, de escucha, de comunicación, donde los alumnos y alumnas perciban los valores de forma vital.

Ofrecemos a los educadores un itinerario de formación que les ayuda a descubrir la dimensión vocacional de su tarea, a sentirse partícipes en la misión evangelizadora de la Iglesia y a compartir, si son llamados, el carisma de la Congregación.

Descubrimos signos de la presencia y acción de Dios en nuestra vida en el camino recorrido de integración de los laicos con los que, desde un proyecto común, hacemos presente en la escuela los valores del Evangelio. En ellos va creciendo el sentido de pertenencia e identificación con nuestro carisma, y por nuestra parte vamos descubriendo y valorando la vocación laical vivida desde el carisma del Instituto e intentamos ofrecerles una formación sistemática.

Cuidamos las relaciones interpersonales entre los distintos miembros de la comunidad educativa, promovemos la colaboración e intercambio de dones y, como educadoras consagradas, asumimos el compromiso de contribuir al desarrollo vocacional de los educadores laicos para que puedan descubrir una auténtica espiritualidad de la educación cristiana y vivirla plenamente desde su identidad laical.